Estábamos pasando unos días en el Lodge de la ONG, situado entre el Monte Kilimanjaro y el Mount Meru, en una zona habitada por la comunidad Masái. Estábamos dudando sobre qué hacer el día siguiente y hablando de las posibles opciones. Siempre nos pasa, siempre hay algún día que dudamos y nos pasamos más de la cuenta pensando en el siguiente plan. El cuerpo nos pedía un trekking, pero ir al Kilimanjaro era un plan de todo el día y queríamos visitar la ONG en Momela por la tarde. Por lo que decidimos hacer un trekking más corto y subir al Monte Mukuru, un monte sagrado masái a donde vas acompañado de alguien de esta comunidad, con su permiso. Después iríamos a comer al restaurante que tiene la ONG en Momela para terminar el día visitando las escuelas y el orfanato.

Y aquel día que empezó lleno de dudas resultó ser al final el día más impactante de nuestro viaje. El día más emocionante. Uno de esos días en los que te miras, y dices: “lo que acabamos de vivir, ¿ha pasado por algo?”. ¡En este post os lo explicamos!

El trekking al Monte Mukuru

El monte Mukuru está situado entre las poblaciones de Momella y Ngabobo, y es una montaña sagrada por los pobladores masái de la zona. Aún allí se hacen rituales para la lluvia, nacimientos, y otros motivos religiosos. De hecho, es un sitio donde no puedes subir sin antes pedir permiso a la comunidad masái que vive allí. Para ellos es un sitio donde, desde tiempos inmemorables, se hacen las ofrendas a los dioses cuando necesitan su ayuda.

La excursión fue relativamente rápida aunque el desnivel final era bastante elevado, ya que teníamos que subir la pared de la montaña. En nuestra opinión, es un trekking relativamente fácil si estás en forma y no tienes miedo a las alturas, pero si no, la última subida puede costarte. Según nos comentó nuestro guía Elías, algunos turistas se quedan justo a la falda y no suben al pico más alto. Consejo: llévate gorra, agua y por el camino, coge algún palo para ayudarte a subir el último tramo (y sobre todo a bajarlo).

Nosotros subimos hasta el punto más alto donde aprovechamos para ver las vistas del Kilimanjaro y del Mount Meru.

Xavi, Elias y Raquel el pico del Monte Mukuru.

El trekking duró unas 3 horas ida y vuelta y lo podéis hacer si os alojáis en el alojamiento de la ONG con la que colabora Trip to Help.

Cómo conocimos a Cornelia, fundadora de la ONG en Tanzania.

Una vez bajamos del monte, el coche nos esperaba para ir a comer al restaurante que tiene la ONG en Momella, justo al lado de las escuelas de primaria, los talleres téxtiles y el orfanato.

Llegamos al restaurante y nos sirvieron un plato combinado con pollo, arroz y verduras, muy bueno, y ¡nutritivo! Estábamos hablando con Elías cuando de repente vemos a una mujer rubia, alta y con un look de exploradora viniendo decididamente hacia nosotros. 

Como hacía horas que no veíamos a ningún occidental, su presencia, ella sola y tan decidida, nos sorprendió. Más aún cuando vino hacia nosotros, saludó al guía y nos pidió permiso para comer con nosotros. Vimos enseguida de que esa mujer nos sonaba de algo, y que además, tenía un papel relevante allí y empezamos a pensar que podría ser Cornelia, ya que habíamos leído sobre ella, su historia y la de su madre, quien empezó el proyecto. Tanta casualidad no nos la creímos hasta que nuestro guía nos confirmó que era ella. Cornelia, la hija de la fundadora, y la que hoy en día lidera el día a día de la ONG en Tanzania, Africa Amini Alama, comiendo con nosotros… Nada habitual siendo turistas, y nosotros, que ya estábamos maravillados con todo lo que había allí, de repente sentimos que teníamos una oportunidad delante nuestro.

Se sentó y nos empezó a preguntar super amable y simpática, si estábamos alojados en el lodge, que de dónde éramos, qué si nos gustaba Tanzania, y de repente nos pregunta. “¿Cuál es vuestro plan para después de comer?” y sin casi tiempo para responderle nos suelta: “¿Queréis venir conmigo? Hoy tengo visitas a familias y me irá bien que vengáis”. 

Nuestra cara de estupefacción fue mayúscula. Y nuestro sí, rotundo. ¡Qué mejor plan que ver de cerca el trabajo in situ, en territorio, diario, de la persona que está al cargo de la ONG!

Básicamente, nos dijo que una vez  a la semana deja el centro médico (ella es doctora y economista) y hace tareas que las llama “administrativas” y la de ese día consistía en visitar familias que habían aplicado para que su hij@ entrara en la escuela de la ONG.  Y lo mejor de todo, es que nos invitaba a ir con ella para que supuestamente “les ayudáramos”. Nuestra respuesta, evidentemente, fue afirmativa, queríamos ir con ella y vivir, a su lado, una de las tareas  que hace pocas veces al año.  

Seguimos  hablando mientras terminamos la comida, nos explicó sus más y sus menos de tener una ONG en Tanzania, aprovechamos para preguntarle todo lo que pudimos. Nos contó que no tenía ningún trabajador en Europa, que en Austria sólo tenía a una persona a media jornada para temas contables y administrativos. Los 200 trabajadores de la ONG están en Tanzania, son de allí, y su objetivo era continuar así. Eso nos encantó.

Y si leyendo estas líneas te preguntarás si ella cobra (nosotros nos lo preguntábamos mientras nos hablaba)…la respuesta es que no. Nos comentó que ella tampoco cobraba ya que tenía la suerte de tener alguna propiedad en Austria y que la alquilaba y le daba el dinero suficiente para vivir allí. Que cambiar de vida, con sus dos hijos, dejar Austria cuando estaba a punto de abrir una consulta médica allí, e irse a Tanzania, fue una decisión clara, un cambio de los que viran el rumbo de tu vida, pero que era una decisión como cualquier otra. Que tenía la suerte de poderla tomar, y que ella había decidido tener la vida que estaba teniendo, y no cobrar por su trabajo diario. Y que era consciente de que era una afortunada por ello.

ONG Tanzania AAA
Raquel, Cornelia y Xavi

Visitando familias en Tanzania

Así pues, acabamos de comer y nos fuimos con Elias, Cornelia, y dos trabajadores sociales de la ONG, Mike y Jessica a visitar 3 de las familias que habían aplicado para entrar en la escuela. La tarea consistía en decidir si tenían los suficientes pocos recursos para ser aceptados, para que sus hij@s tuvieran educación gratuita hasta los 16.

Le preguntamos a Cornelia cómo funcionaba eso de aceptar o no a un niñ@ y nos contestó: “Es de las mejores y de las peores partes de mi trabajo, y del trabajo de los trabajadores sociales. Desafortunadamente no todo el mundo puede entrar en la escuela. No hay tanto dinero, ni plazas, ni profesores para todos, por lo que deberemos elegir cuál creemos que tiene que venir a la escuela y cuál no, y el criterio es su nivel de pobreza”. Es decir, los más pobres entran, los menos pobres no entran. Raquel se paró en seco. Le dijo a Cornelia: “¿y cómo puedes saber si son lo suficientemente pobres, cuál es el lindar, cómo lo mides? Desde una óptica occidental, le darías la “beca” a todas las familias que allí ves”. Pero ella, con años de experiencia allí, ya no tiene esa óptica. Su respuesta fue: “You will see”. Dudábamos de si seríamos capaces de verlo, pero como en todos sitios, hay muchos niveles de pobreza, y estábamos a punto de aprender cuáles eran allí, en una zona rural de Tanzania.

En la primera visita que hicimos, nos esperaba una madre con su hijo. Os podéis imaginar la tensión, es un momento clave para ellos, han solicitado una “beca”, y les vienen, en persona, a entrevistar y a evaluar su situación. Entramos en su casa, de barro, muy pequeña, sin luz, nos dejaron sentar en un mini sofá que tenía. Dentro de su “mini” comedor, estábamos Cornelia, Mike (el trabajador social que hablaba swahili con ella), Raquel y yo.

Empezaron a hablar en Swahili, Cornelia iba haciendo preguntas en inglés que Mike traducía a la madre y también hablaba en swahili con ella en algunos momentos. Cornelia empezó a ver cosas que no le cuadraban, la madre, un poco tensa, intentaba convencerles que su hijo se merecía entrar en la escuela, para ella era todo un examen. Pero Cornelia no lo veía del todo claro, y no dudó en expresarlo.

Salimos del comedor y de su casa, hacia el pequeño terreno que tenían, y una vez fuera nos dijo: “Mirad, esta familia, aunque para un europeo nos parezca pobre, vive bien: tienen tierras de cultivo, tienen algunas cabras y gallinas, tiene un marido con trabajo, mirad a vuestro alrededor,  esta casa y este terreno en Tanzania es clase media. De hecho, ya les gustaría a algunos europeos vivir en estas condiciones y en este sitio”. Por lo que, prosiguió, su hijo no podrá venir a nuestra escuela. Y tal como nos dijo eso a nosotros, Mike se lo dijo a la madre, que tristemente aceptó con resignación la respuesta. Qué duro.

Nosotros, “partícipes” de la situación, le transmitimos a Cornelia que decir “no” a una familia era horroroso, y ella afirmó que sí, que una de las cosas más duras de tener una ONG en Tanzania era decir que no. Pero que había familias más necesitadas y que las teníamos que encontrar.

La educación pública en Tanzania

La educación pública en Tanzania está disponible para todo el mundo, aunque en zonas rurales, es aún más complicado, porque los niños y niñas están aislados, no hay transporte público que les lleve a la escuela, y eso hace que haya mucho absentismo escolar. Además, nos contaron que no es muy buena, por no decir muy mala. Unos días más tarde, Elías nos comentó que sus hijos de 17-19 años prácticamente no sabían ni leer ni escribir en swahili, incluso yendo a la escuela desde pequeños.

Entendiendo la situación de la educación pública, entiendes el gran interés que tienen las madres para entrar en la escuela de la ONG África Amini Alama, con metodología montesori, con la mayoría de clases en inglés, con profesores cualificados, motivados y bien pagados, con dos dietas diarias incluidas (desayuno y almuerzo), y con la posibilidad de pasar a la educación secundaria después, también en la ONG, y también de aprender un oficio.

Es una oportunidad de oro para salir de la extrema pobreza y que al menos, alguno de sus hij@s pueda estudiar en condiciones.

Como acabó la visita

Una vez rechazaron a la familia, Cornelia comentó a sus trabajadores que filtraran un poco mejor a las familias para evitar este tipo de situaciones si era posible, porque había muchas familias pobres en la zona y esa que acabábamos de visitar no lo era en la medida para ser escogida.

Cuando Cornelia preguntó dónde estaban las otras familias y vió que estaban demasiado lejos de la escuela, se nos dirigió a Raquel y a mi, y nos dijo en inglés, “mirad chicos, yo tengo mucho trabajo en Momela, tengo a muchas personas que están esperando para ser visitadas, así que os propongo que vayáis vosotros dos con Mike y Susana y luego me explicáis cómo lo habéis vivido y las familias habéis escogido. Este trabajo lo puedo delegar en ellos, es una de sus principales tareas”. 

Raquel y yo nos miramos otra vez y aún más sorprendidos que durante la comida aceptamos el encargo. Y nos fuimos con Mike y Susana. Nos hicimos un par de fotos y nos despedimos de ella.

Y nos pusimos en marcha. Visitamos las dos siguientes familias… en la segunda no había nadie en casa (les preguntamos si era una oportunidad perdida, o si volverían, y nos dijeron que sí, que volvían, que los horarios allí eran un poco incontrolables, y si les surgía cualquier trabajo, salían sin pensarlo, y que seguramente ese era el motivo de la ausencia) y tuvimos que ir a la tercera visita. Y en la tercera visita fue donde conocimos a Glory y a su madre, nuestras protagonistas en el siguiente Post. Y donde pudimos conocer el sentimiento, la sensación, la emoción, de decirle a una madre que sí, que su hija de 4 años iba a tener educación gratuita y de calidad hasta los 16. ¡Lee el post para continuar la historia!

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