En este post os explicamos nuestro tour por el Amazonas que hicimos el año 2019 en Perú. Fue durante un viaje de 6 meses por Centro y Suramérica. Iquitos fue nuestro primer impacto en Perú, aún no habíamos descubierto los encantos de Cuzco, Yanque o Paracas.

Cómo llegar al Amazonas Peruano

Para visitar el Amazonas en Perú tuvimos que volar desde Lima (capital) a Iquitos. Iquitos es una ciudad relativamente grande donde viven unos 400.000 habitantes, pero está completamente aislada del resto del Perú, y solo se puede acceder por avión o por barco a través del río. Es, de hecho, la ciudad más poblada del mundo a la que no se puede llegar por tierra.

Para saber qué te cuesta el vuelo a Lima y luego a Iquitos, lo mejor es que uses el buscador de Skyscanner:

La ciudad está situada en medio del Amazonas peruano y se encuentra rodeada por varias Reservas Naturales. El Amazonas peruano es la fuente más rica de recursos naturales del mundo, y dentro de este área, se encuentra la Reserva Nacional más extensa del país y la cuarta de toda América del Sur, que es la que visitamos nosotros: la Reserva Nacional Pacaya-Samiria, conocida como “la selva de los espejos”. Seguramente, el hecho de que esté tan aislada, hace que no haya masificación de turistas, y que conserve unas 56 comunidades nativas e indígenas. No obstante, de Iquitos a la Reserva hay un buen trecho. Iquitos es el punto accesible para poder llegar, pero de allí, queda trayecto en coche y en barca por el Amazonas hasta llegar a la reserva.

Cómo encontramos la agencia local para visitar el Amazonas Peruano

Encontramos a Tony a través de unos amigos viajeros que habían visitado Perú un año antes que nosotros. Cuando volvieron, nos explicaron historias sobre Tony, su comunidad y sobre el Amazonas Peruano que nos dejaron boquiabiertos. Sabíamos que visitar el Amazonas nos pondría a prueba como aventureros, sin las comodidades en las que estamos acostumbrados y un contacto con la naturaleza salvaje que nunca habíamos vivido. Pero teníamos claro que no queríamos pasar por allí de la mano de una agencia europea, ni tampoco queríamos ir con un grupo grande, ni quedarnos con lo superficial de la selva.

Ojo, es muy fácil caer en tours o experiencias que te llevan a áreas selváticas de los alrededores, sin meterse en la Reserva Pacaya-Samiria. Es importante informarse bien, y siempre escoger a una persona local. En nuestro caso, Tony además, se crió y vivió durante toda su juventud en un poblado de unas 120 personas, dentro de la selva, dentro de la Reserva Pacaya-Samiria: en la comunidad Yarina.

Lo que no sabes de muchos tours y agencias locales en el Amazonas Peruano

Un tema que Tony nos comentó fue que muchas agencias turísticas de Iquitos no llevaban a los viajeros dentro de la Reserva Nacional de Pacaya Samiria, sino que te llevaban por otras zonas del Amazonas fuera de la Reserva, por lo que se perdían el acceso al corazón del Amazonas Peruano. Y además, se alojaban en lugares que aparentemente son auténticos, sostenibles y creados por las comunidades, pero no. Como te comentamos, es importante que indagues bien dónde ir, porque la experiencia puede ser o muy genuina, o sin más, una experiencia en el Amazonas tratando de ser real y nada auténtica. Nosotros te explicamos la increíble inmersión que hicimos, de la mano de Tony, de su familia, de su comunidad, en lo más profundo de la Reserva Pacaya-Samiria.

Nuestro tour de 4 días por el Amazonas en Perú

Día 0: Llegamos a Iquitos

Salimos desde Lima con un vuelo nacional que duró unas 2 horas. Al aterrizar a Iquitos empezó a llover bastante, estábamos en temporada de lluvias, y decidimos coger un taxi que nos llevó al hotel.

La ciudad estaba llena de moto-taxis, lo que en Asia se conoce por tuk-tuk. Nuestra conductora nos acercó a buscar una SIM de Perú para poder tener un teléfono operativo. Aún no sabíamos que en los próximos días no tendríamos nada de cobertura, pero nos sirvió para hablar con nuestra familia y avisarles que ya estábamos en Perú.

Una vez en el hotel y ya dejadas nuestras pertenencias, vino Tony a buscarnos para llevarnos a cenar y explicarnos todo lo que haríamos en los próximos 4 días. Allí nos juntamos con una pareja de españoles que volvían de la selva y los que habían llegado a Iquitos a través del río desde Colombia (un trayecto que dura varios días). En el restaurante pedimos Lagarto o, lo que es lo mismo, carne de caimán, y bebimos por primera vez algo que fue puro vicio durante los días siguientes: camu-camu. Un refresco natural, hecho del fruto camu – camu, que tiene un sabor como de piruleta. Por cierto, el caimán está buenísimo, tiene un parecido a la pechuga de pollo.

Carne de caimán o lagarto  como le dicen en Iquitos.
Carne de caimán

Día 1: Salimos de Iquitos dirección a la Reserva Nacional de Pacaya-Samiria.

Nos levantamos pronto, desayunamos y Tony ya nos esperaba a fuera con un tuk tuk. Fuimos a la zona de taxis compartidos y cogimos el primero destino a Nauta, una ciudad a 1 hora aproximadamente que da también al Río Marañón pero más cerca de La Reserva Nacional de Pacaya Samiria.

Aprovechamos para comprar lo que nos faltaba, un impermeable de plástico, que tuvimos que usar el último día, de regreso, ya que nos pilló la gran tormenta en medio del río, la comida y el agua potable que nos llevamos en el bote a la Selva. La comida y el agua la compró Tony.

comprando en Nauta, Perú.

La embarcación que cogimos nos dejó un poco parados, era una canoa grande con un motor bastante lento. Pero como no teníamos prisa y el río iba tranquilo, no tuvimos ningún tipo de miedo o inseguridad. El río Marañón es muy grande pero el agua baja tranquila.

Ese día lo pasamos casi entero haciendo la travesía para llegar a la comunidad Yarina, en medio de la Reserva Nacional. Durante las horas que duró el trayecto, Tony no paró de explicarnos cosas sobre la selva, fue una constante y magistral clase de biología y cultura amazónica.

Llegamos a casa de los padres de Tony (donde dormiríamos) entrada la noche. Allí nos encontramos una pareja de finlandeses con otro guía. Subimos a las habitaciones y al exterior de la casa vimos una tarántula enorme, ¡suerte que la mosquitera nos separaba…! Ya estábamos en plena selva, la aventura estaba esperándonos.

Día 2: Primer día del tour por el Amazonas Peruano.

Después de levantarnos, nos preparamos para hacer la primera excursión. Íbamos a caminar unas horas por selva primaria, donde uno de los inconvenientes son los miles de mosquitos, por lo que teníamos que ir con manga y pantalón largo. Raquel, que es un imán para los mosquitos, encontró por la casa un sombrero con una mosquitera alrededor que sería su salvación durante todos los días. El modelito selva, como véis, nada de postureo. No nos vamos a un paseo por un jardín tropical. Nos vamos a meter en lo más profundo de la Reserva Pacaya – Samiria.

La Ropa que llevaba Raquel en el viaje por el amazonas.
Raquel preparada para el primer día de excursión

Cogimos un bote, aún más pequeño que el que nos había traído y nos metimos por la selva con la pareja de finlandeses y 4 o 5 locales que nos acompañaron. Al cabo de unos 30 minutos, dejamos los botes y nos metimos por la selva.

Vamos a repasar que es la Selva según Wikipedia:

Se llama selvajungla o bosque lluvioso tropical a los bosques densos con gran diversidad biológica, vegetación de hoja ancha (tipo frondosa) y, por lo general, con dosel cerrado, sotobosque biodiverso y varios “pisos”, “estratos” o “niveles” de vegetación: desde árboles que pueden superar los 30 metros en los pisos altos hasta los musgos y helechos al ras del suelo, al cual difícilmente llega la luz solar (por este motivo también abundan los hongos), con abundancia de lianas y epífitas.

Importante recordar la definición de selva porque lo que nos encontramos no fue el típico senderito preparado por y para los humanos. Nos encontramos un muro de vegetación, árboles, plantas de todo tipo que Tony y su familia (que eran guías también) tenían que ir abriendo paso con un machete.

Se cae un árbol de 30 metros delante nuestro

Íbamos andando por la selva, cuando de repente oímos unos ruidos muy fuertes, todo el mundo paró y nosotros miramos a Tony esperando su reacción. Tony dijo “todos quietos”. El ruido parecía como si alguien tirase cosas desde arriba de un árbol, ¿serán unos monos que están tirando algo?

Pero de repente vimos qué era aquel ruido… . Era un árbol de más de 30 metros rompiéndose delante nuestro. Lo primero que pensé fue: “por favor, que no caiga hacia nosotros”. Luego cuando vi que caía en paralelo a nosotros me quedé más tranquilo. El árbol cayó del todo y el “silencio” volvió al ambiente. Tony nos dijo que simplemente, era un árbol al que le había llegado su hora: se había muerto. Cuando mueren caen y no es nada común presenciar esto. No hubo fotos ni videos, bastante shock tuvimos de no saber qué pasaba allí, y sentir que fuera lo que fuera, de allí no podíamos salir.

Seguimos andando, pero no veíamos a animales, éramos demasiados y hacíamos demasiado ruido y los animales se escondían. Esto es importante destacarlo: en lugares turísticos, los animales, especialmente los monos, vienen a verte, e incluso esperan que les des comida (cosa que es muy perjudicial para ellos). Aquí, en la Reserva, eres un total intruso. Es el hábitat de más de 1000 especies vertebradas, pero no están acostumbradas a los humanos.

Perdemos a un compañero en medio de la selva amazónica

De repente escuchamos a monos aulladores, nuestros guías nos dicen “ahora iremos más rápidos y en silencio para llegar a ellos antes que nos vean y se vayan”. Empezamos a correr, varios locales delante, los finlandeses y nosotros en el medio y detrás un guía local. Iban muy rápido y si andar por la selva es difícil,  imagínate correr. Había zonas de barro, que te hacían quedarte anclado en medio del camino. Suerte de las botas.

Cada vez nos éstabamos separando más, entre nosotros y con respecto a los finlandeses. Al final decidimos pararnos y juntarnos con el guía que iba detrás pero eso significó perder de vista al grupo de delante. El chico local que se quedó con nosotros empezó a seguir las huellas y poco a poco fuimos avanzando hasta que vimos a Tony que también se había parado y nos estaba esperando. Cuando nos volvimos a juntar, nos miramos todos, silencio sepulcral y vemos que el rubio finlandés no estaba. Su novia muy seria. Raquel me pregunta ¿Hemos pedido a Aaron? y yo… “eso parece…”.

Los guías empezaron a revisar el camino que habían hecho y entre todos, gritando “Aaron” con todas nuestras fuerzas, empezamos la búsqueda. El chico no respondía. Raquel y yo nos imaginábamos las noticias del día siguiente: “turista finlandés perdido en el Amazonas”. Hubieron muchos nervios, pero de repente escuchamos a un guía que lo había encontrado y que se dirigía hacia nosotros. ¡Qué alegría!

Nos comentó que se perdió siguiendo a los monos por su cuenta, y que en vez de quedarse parado, decidió continuar por donde creía que habíamos ido siguiendo a los aullidos de los monos. Su novia ni le abrazó, nos quedamos de piedra al ver lo fríos que eran entre ellos, y es que ella tenía un buen enfado. Él iba haciendo bromas, pero el susto que nos llevamos fue histórico, tanto que era la hora de la comida y el padre de Tony dijo que se le había cerrado el estómago.

Aprendizaje: Aaron, al ver que se había perdido, decidió buscar un lugar en la selva que estuviera lo más despejado posible de árboles, para que su grito llegara hasta nosotros. Tony nos enseñó que si algún día nos perdemos por la selva, esto es justo lo que no debemos hacer. Los árboles ayudan a que la voz viaje, a través del eco. Cuantos más árboles haya alrededor nuestro, mejor.

Momento de comer en nuestra primer día de tour por el Amazonas en Perú.

Después de la aventura, de haber caminado horas, de haber aprendido sobre plantas, árboles, e insectos, de ver a Tony cómo pelaba la corteza de los árboles y se comía las termitas, o de apreciar auténticas obras arquitectónicas hechas por millones de hormigas, decidimos volver a la comunidad y dar por finalizada la primera expedición en el Amazonas.

Por la noche, el plan era salir a ver animales nocturnos, pero Raquel no se encontraba muy bien y decidimos quedarnos en la habitación leyendo. Se fueron los finlandeses con dos guías y se encontraron una Anaconda de 5 metros, ¡que cogieron con las manos! Nos enseñaron las fotos y nos quedamos sin palabras, nos habíamos perdido una buena aventura.

Por cierto, Raquel tenía migraña. En la comunidad le pusieron un mejunje de plantas con un pañuelo en la cabeza, y la migraña se esfumó en un periquete.

Día 3: Segundo día de tour dentro de la Reserva de Pacaya-Samiria en el Amazonas de Perú

El segundo día decidimos ir solos con Tony, menos gente, menos ruido y más fácil encontrar animales.

Aquel día descubrimos muchas cosas. Las arenas movedizas existen de verdad, no son cosa de Indiana Jones, nos encontramos una que tuvimos que esquivar. Descubrimos árboles andantes que se mueven varios metros buscando agua, es decir, el árbol nace en un sitio pero al cabo del tiempo se va desplazando unos metros buscando agua. Eso lo consigue dado que parte de las raíces están fuera de la tierra y va sacando nuevas que hacen que desplacen el tronco.

Árboles asesinos que crecen alrededor de otros árboles, se alimentan de ellos hasta matarlos y quedarse ellos. Se llaman Matapalos. Árboles que mejor no tocar porque te daban fiebre debido a los bichitos que tienen. Autopistas de hormigas con las mejores estructuras de caminos vistas jamás. Aunque no lo vimos, Tony olió a un yaguar y lo intentó llamar para ver si respondía y se acercaba, pero no hubo suerte. También vimos a la hormiga más grande del planeta, a osos aulladores, a tucanes y papagayos y muchos animales más hasta que volvimos a la comunidad para comer.

Baño en el río Amazonas

Por la tarde hicimos un paseo por el poblado y luego fuimos a bañarnos en el río. Cogimos el bote, fuimos río arriba y una vez en medio de la nada, Tony se tira al agua. Raquel también se tiró sin pensarlo mucho y yo… con cara de “¿en serio nos vamos a bañar en este río lleno de pirañas, serpientes, y caimanes?”. Tony no paraba de decir que no pasaba nada, que él se había bañado en el río toda la vida, que así es cómo se bañaban allí, y que me tirara. Al final me tiré, y no lo pasé muy bien, lo reconozco. No se veía nada, el agua está totalmente oscura por el tanino, un mineral de las plantas, por lo que es imposible saber qué hay por debajo tuyo.

Además, sabíamos que había caimanes, pero Tony nos tranquilizó al decirnos que estos animales duermen durante el día, y se quedan mayoritariamente en las orillas. No había de qué preocuparse. Si ellos lo hacían, nosotros también. Eso sí, cogimos el chaleco que nos dio, y nos lo pusimos en la barriga, modo plancha, para flotar lo más posible. Sacamos las manos y los pies del agua, hacia arriba, para sólo tener nuestro abdomen, torso y parte de los muslos en el agua, y muy superficialmente. Fue un circo, pero podemos decir que nos bañamos en el Amazonas.

Por cierto, Raquel ese día se pudo bañar, pero no los anteriores. Tenía la regla, y Tony le recomendó no hacerlo hasta que se le fuera. En el río hay pirañas, y huelen la sangre a mucha distancia. Su madre, un día lavando pescado en la orilla del río, se quedó sin parte del dedo meñique por una piraña. No nos digáis que no es aventura esto.

Al regresar, jugamos con los niños y niñas del poblado. Raquel con los más peques, y Xavi con los mayores, a futbol. Después de cenar, hicimos la expedición nocturna. En la selva hay muchos animales nocturnos, por lo que es más fácil encontrarlos.

Expedición nocturna por el Amazonas

Justo al salir vimos unas luces intermitentes por encima del río, no eran imaginaciones nuestras, sino luciérnagas sobrevolando el río que con el aleteo de las alas hacían la luz. Nos seguían por el camino. Fue precioso.

Más tarde, levantamos la vista y vimos uno de los cielos más bonitos que hemos visto jamás, sin contaminación, y sin luces a kilómetros de donde estábamos. Las estrellas brillaban como nunca. Era, realmente, un manto de estrellas que parecía que podías tocar.

Mientras Tony iba con una linterna enfocando a las orillas del río, de repente avisa a su compañero que llevaba la lancha y nos dice que ha visto un pequeño caimán. Lo íbamos a ver de cerca. Nosotros, con una canoa de madera, nos acercamos a la orilla. Él se tira al agua y va a buscar el caimán sin nada más que una linterna y sus manos. No llevaba más ropa que un pantalón corto. Nosotros le dijimos que tuviera cuidado, pero Tony, el Rey de la Selva, siempre nos decía: “no pasa nada, los animales son mis amigos”. Unos segundos más tarde, se acerca y nos trae un pequeño caimán en sus manos. Nos explicó cómo lo había cogido y tranquilizado, cuáles eran sus partes, cómo era su piel, y nos lo dejó tocar. Luego lo dejó al agua y fuimos a buscar más caimanes. Y sorpresa: nos dimos cuenta que estábamos rodeados. Con la linterna, apuntando a ambas orillas del río, aprendimos a distinguir unos pequeños puntos rojos, y había muchos. Eran los ojos de los caimanes.

Poco después encontró a otro, más grande. Nos dijo que éste hacía unos metros (lo sabe por la distancia que tienen entre ojo y ojo), y nos preguntó si queríamos cogerlo. Él quería, Raquel sintió que no hacía falta, y opinaba lo mismo. Ya teníamos claro lo salvaje que era aquel lugar y ya habíamos vivido la experiencia más auténtica de nuestra vida, en un lugar sin igual. No hacía falta molestar a otro caimán, de varios metros de longitud. Nos volvimos al poblado y nos fuimos a dormir.

Día 4: Último día del tour por el Amazonas en Perú

El último día aprovechamos para colaborar con la comunidad comprando algunas artesanías que hacían con las semillas de los árboles. También Tony nos explicó las cualidades de diferentes plantas, entre ellas el achiviote, con la que nos pintó la cara como lo hacen algunas tribus indígenas de la zona. Poco después cogimos el bote y volvimos a Nauta. El trayecto duró varias horas, se nos puso a llover bastante, y nos sirvió para recordar y explicar historias, como la de la serpiente más grande del mundo, la yakumama, que según la ciencia es mitología indígena, pero según nuestros guías existía y la habían visto. En otro post explicaremos más sobre las historias de la Yakumama.

¿Quieres visitar Pacaya Samiria en Perú?

Si quieres hacer el mismo tour por el Amazonas en Perú, en Trip to Help te lo ponemos fácil. Echa un vistazo a las opciones, todas ellas son con Tony, y todas ellas colaboran con las comunidades locales de la zona, por lo que tu viaje no sólo te aportará a ti una experiencia irrepetible, sino que dejará un retorno positivo en el territorio.

-Experiencia de 3 días por el Amazonas de Perú.

Tour de 4 días por el Amazonas de Perú.

Ruta de 7 días por el Amazonas de Perú.

¿Qué llevar en el tour por el Amazonas?

  • Un buen repelente de mosquitos
  • Cámara de fotos con un buen zoom -> No hagáis como nosotros que no llevamos y casi no tenemos fotos de los animales.
  • Prismáticos
  • Chubasquero
  • Ropa de baño
  • Gafas de sol
  • Ropa ligera y de manga larga.
  • Pantalón largo y ligero (largo para evitar picadas de mosquitos y ligero para no sudar más de la cuenta).
  • Frontales o linternas

La mejor época para hacer el tour por el Amazonas en Perú

La mejor época para visitar el Amazonas Peruano es durante la época seca, que empieza en junio y acaba en octubre. Nosotros fuimos en diciembre y tuvimos buen tiempo, nos llovió durante el trayecto, pero una vez allí pudimos hacer todas las actividades planteadas.

¿Qué cuesta visitar la Reserva Nacional de Pacaya Samiria en Perú?

El vuelo de Lima a Iquitos nos costó unos 90 euros por persona. Luego el tour con Tony nos costó unos 75 euros al dia por persona todo incluido (comida, entrada al Parque Pacaya Samiria, el alojamiento, y los desplazamientos).

En total nos gastamos unos 500 € por persona en el tour de 4 días más el vuelo a Iquitos desde Lima, dos noches de hotel y dos cenas en Iquitos que no estaban incluidas en el tour.

El mejor seguro para viajar al Amazonas peruano

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